El viernes tenía que hablar sobre un tema de afectividad frente a un grupo de diez personas durante diez minutos. No sabía de qué hablar. Así que retomé el suceso del McDonalds (post: Hoy no comí) y revisé mis apuntes de Heidegger. 

Comencé con una dinámica. Yo odio las dinámicas pero al resto del mundo parece gustarle. “Cierren los ojos,” dije  “piensen en el mundo, no como globo terráqueo, no como todo lo que no soy yo sino como la correspondencia que tengo yo con el mundo, en la correspondencia que uno tiene con el mundo incluso cuando está inconsciente, cuando está en coma, cuando no estás pensando.” Eso era un intento de que evitarme de un modo simple explicarles que la esencia del hombre no es lo racional sino su existencia.  Continué: “Consideren la posibilidad, en todo lo que es posible y todo lo que tuvo que ser para que el mundo fuera, en todas las consecuencias de las acciones que ustedes puedan hacer.” Eso fue sólo para ser cursi.

Les conté la historia del McDonalds. Explicándoles que todos sentimos angustia, la sensación de estar ante algo indeterminado, de sentirnos amenazados y no ante algo perjudicial aquí y ahora. 

Se me ocurrió atacar a alguien como experimento, lo tomé de las greñas mientras le preguntaba “¿Qué sientes?… ¿Tienes miedo o te sientes amenazado?”

Continué: “Lo amenazante no está en ninguna parte y a la vez está en todas partes. Lo amenazante surge ante la misma posiblidad y, en esa medida, de nuestra libertad. Es sobrecogedor. Eso amenazante es LA NADA. Sentimos lo amenazante aunque no lo podemos explicar, pero lo hemos sentido toda la vida, lo sientes cuando ves por la ventana, cuando ves la tele, cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas los impuestos.” Eso, evidentemente, lo saqué de Matrix. 

Expliqué la distinción entre miedo y angustia:

“Cuando el sentimiento es de lo abstracto: angustia.” Irrevocablemente vamos a dejar de existir.
“Cuando el sentimiento es de lo concreto: es miedo.” Irrevocablemente vamos a dejar de vivir.

Finalicé con esto: “Frente a esto hay de dos sopas, la primera: dejarnos de pendejadas y asumir nuestro “poder” sobre el mundo (eso suena a The Secret), y la segunda: ocultarnos en el mundo, decir que somos un ente más con la peculiaridad de que somos entes que piensan.”

Yo esperaba que eso me sacara de mi slippery angst slope… y todavía no sé, durante el fin de semana me angustié pero lo evadí lo más que pude conviviendo con mis amigos. 

¡Quiero tener una existencia auténtica ya!

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